4 nov 2011

Una gran colección. (2)

Desaparecí de mi tierra y tomé rumbo a la distancia. Solo recuerdo que era verano cuando empezó la aventura y el verde calor se convirtió en azul humedad.

Era de noche, la ciudad, iluminada, se deshizo en tenue luz de color tizón. Vagaba desorientado, aquella tierra no era mía. Todavía….

Viví unas pocas horas a oscuras antes de enamorarme de los dos mares que inundaban el horizonte: el del verde palmeral y el del azul atlántico, que se fundía en el ocaso con el cielo para dar paso al atardecer.

Los montes de encinas dejaron paso a las montañas rojas. La antigua ciudad dejó paso a la oscura tierra caliente que hierve el suelo, elevándolo para que las nubes puedan acariciarlo. El frío invierno dejó paso a un verano permanente y la luz dorada del alminar dejó paso a la pálida luz de la luna…

Han sido cuatro años de lecciones, cuatro años que han determinado que ahora sea quién soy y esté donde estoy. Cuatro años en los que he conocido muchas personas de las que he aprendido mucho de cada una de ellas. Cuatros años que me han hecho ver que no pertenecemos a ninguna parte, que tenemos tantas casas como países…

Y así fue como la tierra que diera posada a Don Quijote se abrió al mar para enseñarme Lanzarote… y no contento, aún, con mi destino, abandoné la tierra ardiente para vivir lo que ahora vivo.


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