Es agudo y doloroso y no hay medicina que lo cure. Cuando te contagia, lo único que te ayuda es el tiempo y lo único que calma tu dolor, el sueño. Una epidemia peligrosa que afecta al corazón, que nos transforma en seres fríos, y nos malgasta la pasión. Con síntomas variados, el primero, y el más grave, es el de no amar temiendo al desamor...
Uno que por miedo al amor no ama, y otro, que amando al primero llora por no tenerle.
Una flecha desperdiciada de Cupido que no es capaz de atravesar la dura piel del corazón envenenado. Una flecha de rebote, que rota, al corazón sano deja para amar, incapacitado y en el seno del corazón abandonado florece un odio que contamina. Un odio que al dolor le pone el sobrenombre de "miedo al amor". Y ya son dos corazones contagiados. Un tercer, de alma infantil y sonrisa joven, se topa, desnudo de amores y más aún de experiencias, con otra flecha desviada que su corazón caduca. ¡Quién le iba a decir que el amor doliese tanto! Con la situación descontrolada, no hay quién encuentre un corazón valiente. Un corazón que confie en la distancia, capaz de olvidar corazones pasados. Un corazón honesto, un corazón sincero. Un corazón sin miedo para decirme "te quiero".
Una flecha desperdiciada de Cupido que no es capaz de atravesar la dura piel del corazón envenenado. Una flecha de rebote, que rota, al corazón sano deja para amar, incapacitado y en el seno del corazón abandonado florece un odio que contamina. Un odio que al dolor le pone el sobrenombre de "miedo al amor". Y ya son dos corazones contagiados. Un tercer, de alma infantil y sonrisa joven, se topa, desnudo de amores y más aún de experiencias, con otra flecha desviada que su corazón caduca. ¡Quién le iba a decir que el amor doliese tanto! Con la situación descontrolada, no hay quién encuentre un corazón valiente. Un corazón que confie en la distancia, capaz de olvidar corazones pasados. Un corazón honesto, un corazón sincero. Un corazón sin miedo para decirme "te quiero".