4 dic 2011

¡Oh, Solis!


Nunca me había negado a la tenue luz del cielo gris.

Los días lluviosos me eran necesarios y las nubes negras elegantes,

pero después de estas semanas apagadas y esta última fría y triste

como un callejón de arrabal metropolitano…

Me he dado cuenta que preciso del celeste que pinta el cénit,

y no sólo por belleza y simpleza, pues confinado en el septentrión,

el azul es mucho más que eso para un sureño:

es un recuerdo melancólico, es un precioso sueño.


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